Según Cabero (1998), los
recursos tecnológicos son aquellos que “giran
de forma interactiva e interconexionada alrededor de tres medios básicos para
crear nuevas realidades comunicativas: la informática, la microelectrónica y
las telecomunicaciones”.
No obstante, acercándonos
a un punto de vista educativo, es inevitable plantearnos la siguiente pregunta:
¿estas tecnologías pueden ser consideradas como un nuevo nicho de aprendizaje? Dicho de otro modo, ¿son las TIC una nueva
oportunidad para que los niños aprendan a través de herramientas que difieren
de las tradicionales?
Diversos estudios
concluyen que gracias a las nuevas tecnologías se pueden generar nuevos
aprendizajes, como pueden ser los relacionados con el manejo de la informática o
la capacidad de búsqueda de información. Gracias a esto último, aparece un
nuevo escenario en el que es posible reducir la carga de aprendizaje
memorístico en beneficio de incrementar exponencialmente las posibilidades de
adquirir múltiples conocimientos que hasta ahora no eran posibles. En este
sentido, es casi imposible medir lo que aprenden los niños con un solo “click”,
el cual los puede transportar a infinitos escenarios y contingencias.
No obstante, debemos ser
cautos a la hora de hablar de nuevas tecnologías en educación. No hay que
confundirlas con una solución mágica a todos los problemas. Por un lado se cree
que con su uso se ahorra tiempo. Sin embargo, la realidad es que los docentes
necesitan invertir más tiempo (muchas veces fuera de su horario lectivo), para
atender a las demandas (contestar correos, actualizarse…) que le acaecen. Por
otra parte, no hay que confundir aprendizaje accesible con superficial. Es
decir, siempre habrá que tener en cuenta la calidad del aprendizaje y guiarlo
hacia esa meta. Asimismo, no hay que caer en el error de pensar que los nativos
digitales, es decir, las nuevas generaciones, son capaces de manejar sin
problema cualquier tipo de recurso informático. En este sentido, hay que tener
presente que la disciplina es excesivamente amplia para conocer cada uno de sus
usos y dominarlos.
Por último, son también
dignos de mención los sistemas de reconocimiento
de voz. Estos son recursos relacionados, por ejemplo, con la enseñanza de
idiomas, así como herramientas comunicativas alternativas para personas con
discapacidad, trastornos del lenguaje y la comunicación, entre otras. No
obstante, las posibilidades que ofrecen son mucho más amplias. Por ejemplo:
obligan a pensar en lo que se va a decir antes de hablar; permiten fijarse en
las palabras que aparecen escritas (si son las que hemos dicho o no) o
favorecen el trabajo de la conversión grafema – fonema, etc.
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